Las gafas… de sol
April 24th, 2008 Posted in ReflexionesA algunos les encanta que, por fin, llegue el buen tiempo, se acabe el sempiterno sirimiri y empiece a lucir el sol porque así ya no parecerán tan raros siempre con las gafas de sol estilo lo-más-grandes-y-negras-posible puestas.
Las gafas de sol son un elemento cuya relevancia no radica tanto en que se lleven sino en la razón por la que se llevan.
Por ejemplo, en España, en Castilla la Vieja, en un pueblo semi perdido al pie de las estribaciones de la montaña palentina llevar gafas de sol en la posguerra significaba haber triunfado, estar trabajando en la capital y venir en verano no a arrimar el hombro sino a veranear y, de paso, pasarles por los morros a quienes se quedaron su triunfo simbolizado en las gafas.
No era raro que a veces, si no se tenía cuidado con ellas, “se perdieran” o “se rompieran” siempre de forma accidental, por supuesto… ¡Qué mal pensada es la gente!
Y un veraneante sin sus gafas, peor aún, preguntando a cada paso si las han visto, o renegando por su desaparición o rotura es de lo más patético, tanta envidia como despertaba antes su triunfo despierta ahora compasión y burla su fatuidad y apego a las cosas materiales.
Sin embargo de quienes quería hablar son de los hacker de gafas de sol enormes y más negras que la antracita (aunque ahora que lo pienso he puesto: “antracita” porque me suena que es un tipo de carbón de color muy negro, igual no es así, pero… ) cuyas razones para usar dichas gafas ellos conocerán, yo en mi ignorancia supongo que puede ser:
- Para que no les reconozcan.
- Para que no sepan dónde está mirando, como en la famosa “Pedro navaja” de la Orquesta Platería ¡Qué gran canción! y ¡Qué gran grupo!
En ambos casos la idoneidad del medio con los fines es más que cuestionable cuando no directamente la contraria, es decir se consigue lo opuesto a lo deseado pues las gafas, sobre todo fuera de temporada estival cuando las llevan todos, y todas, son una marca distintiva, un “ya está aquí el de las gafas aunque esté lloviendo” y en cuanto a lo de esconder la mirada no hay más que fijarse en la cara, donde parezca que quiere decir: “ahí no miro” es precisamente donde está dirigiendo sus ojos.
Así pues, aparte de escondernos sus “ventanas del alma” a sus interlocutores, ¿qué tiene que esconder quien no te quiere dejar ver de qué color son sus iris?, lo cual nos llevaría un post tan largo como éste o más, que hoy “no toca”, volvermos al presumir del veraneante castellano de la posguerra. Presunción que puede adoptar diversas formas como a lo mejor el tatuaje de un glider en el antebrazo.
Sin embargo sin en la condición de veraneante fatuo estaba incluida la presunción, en la de hacker, en la de hacker de verdad está la de saber y callar, parecer incluso más torpe de lo que se es.
Las mejores gafas de sol son las que no se necesitan. El novato se pone gafas, el gurú entorna la vista, se pone la mano encima o simplemente gira la cara.
¡Economía!
)S(