A por ellos que son pocos y cobardes!!!

La gente feliz no suele crear arte

April 21st, 2008 Posted in Reflexiones

La gente feliz no suele crear arte, en todo caso ornamentación, diseño, arte utilitario, creo que el arte nace de una profunda inquietud y necesidad de expresión, llámalo dolor si quieres, o sufrimiento, pienso en el fadista desesperado que se pone a cantar para no tirarse de cabeza al Tajo, o en el flamenco que en las simas de su desesperación toca fondo y aún se pone a cavar.
Pienso en la peli esa de Ralph Machio (sí, el de Karate kid) que hace de guitarrista que intenta aprender el blues, y la chica le deja, y precisamente entonces, es cuando encuentra inspiración.
Pienso, cómo no, en que a veces la vida duele, duele mucho, cada segundo, cada instante que pasa, sin embargo, sin anestesia de ningún tipo te sientes más vivo que nunca, cada momento es único.
Hablas de las pinturas sacras, me acuerdo de algunas en las que la cara puede ser de dolor… o de orgasmo.
Curiosamente hablaban que el parto es un orgasmo, fisiológicamente hablando, lo que pasa es que es tan intenso y la pobre parturienta está tan poco entrenada que resulta sumamente doloroso, pero lo que se pasa al cuerpo es lo mismo, con la intensidad aumentada muchas veces, claro.
Me acuerdo de Almodovar hablando que no se puede hacer películas de gente feliz, que serían muy aburridas o de Victor Hugo diciendo algo parecido sobre las novelas de historias de amor. Si no hay un obstáculo que vencer, si las cosas son demasiado fáciles los humanos nos aburrimos.
La identidad de la que tú muy bien hablas muchas veces nos la da aquel o aquello contra lo que luchamos.
Tenemos que pedir como recomendaba Kavafis que el camino a Ithaca sea largo. Porque allí no habrá apenas nada, nada más que el recuerdo, Ithaca no tiene nada más que la promesa de alcanzarla algún día.
Me acuerdo de una serie en la que Armand Assanté hace de Ulises (no sé por qué le llaman así, debería ser “Odiseo”) y al final ya naufraga y está sólo abandonado a merced de las olas y grita desesperado: “¡Dioses!¿qué quereis de mi?” y de las profundidades surge la voz de su más feroz enemigo Poseidón que le contesta: “que reconozcas que el hombre no es nada sin los dioses”.
Él que ha podido con todo, que se deshizo de su personalidad al huir de Polifemo: “¿quién eres? ¡Nadie!” tiene que reconocer que sin aquello a lo que veneramos no somos nada.
Ofrenda, interesante palabra.
En mi charla “Altar-barrikada” comparo el hacklab con esas dos realidades.
Altar porque es un lugar de culto, de reunión de la comunidad, de sacrificio y dedicación, de ofrecer y compartir lo mejor que tienes. Para mi la religión es re-ligar volver a unir lo que estaba desunido. El ser humano sale de su animalidad por la (en mi opinión falsa) conciencia de la muerte (la verdad es que nunca morimos, siempre mueren los otros, y lo que es más… nunca moriremos, puesto que no hemos nacido) y tiene que volver a esa unión con lo trascendente a través de la re-ligión pero ya no es la unión no consciente, bueno, salvo en el caso de algunos no-mente.
Podríamos hablar largo y tendido hasta qué punto el sexo es violento, es una especie de violencia ritualizada.
Cuando te enamoras, cuando quieres de verdad, te entregas atado de pies y manos a la otra persona. El amor es, por definición, indefensión. Cosas que en otra persona no te harían el más mínimo daño en la persona amada te destrozan.
No se puede querer sin bajar la guardia. Se pretendió, pero eso no era amor, no sé lo que era. Curiosamente cuando el amor pasó a la sombra y la gente nunca se entregaba del todo, y siempre se guardaba alguna galleta, surgió una forma de vivir la indefensión en el plano equivocado, en el plano físico (el SIDA), no fue en mi opinión casualidad que en los primeros colectivos en los que surgió fuera entre los colectivos gay de Estados Unidos, mucha promiscuidad y sexo muy violento, el sexo anal sin un gran cuidado normalmente es sangriento, es decir hieres, rompes, la vida-sangre, se escapa.
Amar es aceptar el dolor de antemano, saber que tocar el cielo con las yemas de los dedos tiene un precio: bajar hasta el infierno. Ya lo decía Dostoyevsky, la gente es grande o pequeña, y si es grande lo es en todas las direcciones, no hay buenos y malos.
Me acuerdo también de Miguel Angel en Tormento y éxtasis.
¿Y si no hubiera creadores? sino sólo mediums, canales de los que se sirve la obra para nacer, parturientos con mayor o menor habilidad, receptores que vibran en una o varias ondas y captan lo que está en el aire y viene de vete-tú-a-saber-donde??
¿quién decide? ¿qué nos impulsa a salir de casa en ciertas noches lluviosas a hacer lo que sentimos que queremos o debemos cuando se está tan bien al calorcillo?
Hace poco abrí otro blog, -este- y puse una poesía -esta-, igual la trabajo más aunque me da no sé qué, siento que una vez que la has parido, salvo limpiarla un poco no hay demasiado que hacer, si no te conviertes en un padre que de tanto intentar educar al retoño le vuelve muy listo pero un pringao que no vale para nada, hay que aceptar los errores, la espontaneidad… incluso la mediocridad, asumámoslo, que la flauta suene por casualidad como en la famosa fábula de Esopo no significa que seamos el flauta primero de la Filarmónica de Berlín precisamente.

)S(

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