El portero analfabeto
June 7th, 2008 Posted in En el camino | No Comments »Eusebio era grande y despierto. “Ay si yo hubiera estudiado… ” solía decir. Pero trabajaba desde muy crio, primero haciendo recados, luego tras ayudar a Venancio ahuyentando a tres mozos que le estaban dando una paliza, el jefe le puso de portero en el club de carretera y el otro a servir y limpiar.
Todo iba de maravilla, su tamaño hacía que hubiera menos peleas porque que idiota se iba a atrever a meterse con semejante armario ropero. Y las veces que las había uno o dos puñetazos solían bastar. A Eusebio le gustaba su trabajo, la mayoría de las inquilinas estaban locas por él y hasta se llegaron a rifar quien le iba a estrenar.
Con ellas aprendió gratis todo lo que quiso y mucho más. En definitiva era feliz.
Hasta que el jefe se murió y se hizo cargo del negocio su hijo. Lo miraba todo con asco, como si el club le fuera a contaminar. Habló primero con todos soltándoles un rollo sobre lo malo que era su trabajo pero lo necesario para esta sociedad corrompida, alguien lo tenía que hacer. La mayoría pensaba: “si tantos escrúpulos tienes por qué coges el dinero, hipócrita” pero nadie se atrevía a decir nada a este ignorante que les miraba por encima del hombro.
Luego fue llamando a todos los empleados y todas las empleadas a su despacho. Cuando le tocó el turno a Eusebio le dijo entre largas perífrasis que tenía que llevar una lista de todo el que venía, la hora de entrada, la de salida, lo que tomaba, etcétera. Sin problema jefe, puede preguntarme, soy una persona despierta, me acuerdo de todo. Y al que no conozco rápido trabo conversación y me entero. ¡Pregunte! ¡pregunte!
No, quiero que me hagas un informe detallado cada semana.
¿Un informe? - A Eusebio le tembló un poco la voz- pero…
Bueno yo se lo dicto a Venancio o al contable que viene todas las semanas a hacer las cuentas con el ordenador.
No, nada de dictar, tiene que ser algo entre tú y yo… nadie más ha de saber que llevo un control sobre la clientela.
Pues, lo siento jefe, pero no voy a poder, apenas sé firmar y con dificultades, ni siquiera en la mili aprendí, no porque no quisiera, sino porque el capitán, que era un borracho, no puso a otros que sabían a enseñarnos…
Pues entonces estás despedido.
Pero jefe…
No hay peros, no puedo tener a un analfabeto contratado, a la puta calle.
Eusebio cerró los puños, de un puñetazo podía estampar a este gilipollas contra la pared en un momento… Pero, a pesar de su tamaño, quizá precisamente por él no era una persona violenta. Agachó la cabeza y salió.
La marcha de Eusebio fue una tragedia, las pobres “trabajadoras” estaban desoladas. ¿qué vas a hacer pobrecito nuestro?
No lo sé, con mi difunto padre aprendí algo de albañilería…
Entre todas le compraron un cesto de goma, un nivel, una paleta y una llana. Al día siguiente fue a buscar chapuzas. Tenía que alquilar la herramienta y cobrar los materiales por adelantado, pero era un gran trabajador, se fijaba mucho y pronto pudo pagar a otros que mientras colaboraban con él le iban enseñando.
Se hizo autónomo, luego montó una empresa, a pesar de no saber leer lo que estaba escrito en los papeles las personas no tenían secretos para él. Sabía en quien confiar y en quien no. A ver explícamelo otra vez, despacio…
Averiguaba por ciertos gestos si le mentían, y poco a poco se iba rodeando de gente fiel a la que pagaba muy bien. Calladamente fue haciéndose con todos los trabajos de albañilería del pueblo, luego de la comarca, luego la suya era ya de las primeras empresas de la provincia con mucha gente a su cargo.
Participó en negocios de áridos, cementos, alguiler de maquinaria. Era un nuevo rey midas que todo lo que tocaba se convertía en oro.
Cierto día una tromba de agua descargó en el pueblo arrasando entre otros edificios el colegio. Él, que estaba cerca no dudó en ir a rescatar a unos niños que corrían peligro de ser arrastrados por la corriente.
El edificio de adobe quedó en ruinas así que Eusebio mandó una brigada completa y les dijo que no reparasen en gastos. En un tiempo record el colegio estuvo de nuevo en pie.
Se reunieron las autoridades provinciales para la inauguración, se hizo una ceremonia solemne en la que el propio ministro dijo unas palabras y ayudó a Eusebio a descubrir la placa. Cuando llegó el momento de escribir algo en el libro de personalidades nuestro pobre constructor se puso nervioso y a duras penas, mordiéndose la lengua garabateó algo que parecía su firma.
Pero… no me lo puedo creer ¿acaso no sabe usted escribir? ¡Increible! y ha llegado a ser uno de los primeros empresarios de la provincia ¿qué hubiese sido de haber sabido?
Pues… Portero de puticlub, señor ministro, portero de puticlub.
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